El primer encuentro con tinturas lo tenemos en el descansillo de las escaleras. Mientras orientamos la subida vamos a descubrir obras de juventud, primero en blanco y negro y ya al final de la escalera en color. El ciclo dedicado a los pozos resume las primeras pesadillas y obsesiones de un permeable Giger de inicios de los sesenta. Las ilustraciones abren abismales espacios con escalinatas inconclusas o puertas sin aparente destino. Nuestro artista recuerda que son fruto de sueños recurrentes enlazados con episodios sonámbulos, siempre evocados por una ventana de casa que daba a un hotel vecino donde aparecían estos oníricos pozos que le precipitaban a lo desconocido.

Pozo Nº 6

Siento predilección por el pozo número 6, más que por obras de mayor repercusión. La técnica empleada se basa en tratamientos de galvanización del aluminio y supone el primer paso de sofisticación del joven suizo tras haber plasmado sus primeros experimentos, como Niños Atómicos, en papel translucido impregnado de tinta, aplicada con un vulgar cepillo de dientes, y cuyos contornos luego son rascados a cuchilla. En cuanto a las obras a color sorprende la aparición de elementos desconocidos por mí hasta aquel momento, como es el uso del óleo. Apenas tres óleos expuestos que son la prueba más evidente del impacto de Dalí en Giger. No volvería jamás a los aceites clásicos.

Un reloj derretido no desentonaría.

“Dream of NY” pintada a los 18 años se encuentra en paradero desconocido. El museo ofrece 5000$ de recompensa.

El ala que nos recibe de buenas a primeras es la dedicada a Alien, el museo apenas da para preámbulos. En 1976 Giger publicaba una serie de ilustraciones bajo el nombre Necronomicon. Como muchos sabéis, el Necronomicon es el libro arcano que contiene los rituales y conocimiento acerca de entidades sobrenaturales y, lo mejor, la forma para contactar con ellas. Tal volumen, escrito con sangre y forrado de piel humana, aparece repetidamente citado en la bibliografía de H.P Lovecraft pero a día de hoy no se conoce su paradero, aunque se han encontrado fichas de ejemplares en USA, Paris o Buenos Aires. El mito fue tan bien urdido que muchos aficionados a la literatura de horror piensan que Lovecraft no se inventó su existencia y que, como Elvis, todavía circula por el mundo. Como dato curioso, se rumorea que Borges creo una ficha del título en Buenos Aires.

La leyenda del libro de los Sin Nombre fue un pretexto para darle un hilo conductor a estas ilustraciones que Giger acumulaba , lo cual le abasteció de más de un crédulo que presumía haber encontrado el escrito perdido. Hoy en día hay muchos necronomicones por el mundo, pero el de Giger es el único ilustrado. Una de las piezas incluidas, Necronomicon IV, llamó la atención otro joven de inquietudes turbulentas llamado Ridley Scott. El de Chur es contratado y se traslada a Inglaterra en 1978 para preparar junto a él la película que lo convertiría en icono de la cultura pop, Alien.

Necronomicon IV, sobre el cual se diseñó Alien. Fuera gafas de sol.

Ridley Scott preparaba una cinta de horror en la que encajaba el arte del suizo, así que le encarga las criaturas, planeta y la nave origen del argumento. El director buscaba una potencia similar al terror de la pintura de Francis Bacon y sin duda Giger ostentaba dicha herencia. Partiendo de Necronomicon IV evolucionaría un personaje que sería historia del cine. Para su creador el aspecto tétrico o violento no es tan subyugante como el hecho de que la bestia carezca de ojos que puedan expresar emociones. El monstruo ciego, del que no es posible escudriñar la mirada, supone la mayor baza perturbadora del pasajero.

Esta no era la primera incursión de Giger en el mundo del cine, de hecho le apasionaba tanto como a su gurú Salvador Dalí, pero sí era la que mayor seriedad le ofrecía tras el descalabro del Dune de Jodorowsky. La sala, por tanto, ofrece una retrospectiva de aquellos años de celuloide, de un lado los bocetos del proyecto, acrílicos que representan escenarios que se llevarían al cine y como no, el buenazo del octavo pasajero. Son dos los elementos extraídos directamente de Alien, la urna que contiene el animatrónic original de la cabeza y una espectacular reproducción a cuerpo completo que supera los dos metros de altura.

Giger siempre ha recordado con ilusión y satisfacción los tiempos de pre-producción de la película, pese a la escasez de tiempo y dinero o el tener que soportar el hedor de los huesos secos que servían de material. Las limitaciones de presupuesto lastraron diversos objetivos, por ejemplo que todos los escenarios tuvieran aspecto orgánico, pero la falta de dinero sólo permitió que los huevos y el facehugger realmente lo conservasen.

Aspecto orgánico que debían tener todos los elementos del mundo Alien. Giger reconoce que en ciertos pasajes es demasiado evidente que los escenarios son decorados en dos dimensiones.

Aunque sufría limitaciones de pornografía, sonríe cuando recuerda que consiguió introducir de soslayo alguna referencia a órganos sexuales.

Este estudioso de lo surrealista y mórbido comenta que se sintió intimidado por lo aberrante de la idea que el alien se abriese paso desde el interior del cuerpo de la víctima. El Oscar seguro que le hizo el trance más llevadero.