Diciembre 19, 2007
Curiosa saga, y afortunadamente con premisas claras desde el minuto uno: violencia a destajo, coches, motos y demás aparatos con motor en medio de un desierto donde la policía y las bandas de delincuentes motorizados pugnan por encabezar el grado de salvajismo máximo. Los que no llevan placa son malísimos de verdad, y los que sí también, pero tienen razón.

Para mi gusto, lo más destacable de esta primera entrega es el brutal rugido del Interceptor, el supercoche de machacar malos que conduce Mel Gibson a toda prisa por las carreteras australianas. La verdad es la primera parte mola, sobre todo por ese look setentero tan autentico. , pero para ser sincero lo verdaderamente bueno viene en la secuela parte, donde de forma completamente injustificada se inventan una sociedad postapocalipica (fantásticos los 80) en la que reducen el grado de civilización a la mínima expresión, confrontando a dos grupos de infraseres humanos en una lucha salvaje por gasolina.
Básicamente la cosa se centra en que un grupo de colonos buenos trata de resistir los envites de los jevis malos del desierto, que les quieren quitar el combustible de cualquier manera, pegando e incluso insultando.

Así, teniendo ya claro el objetivo de lo que quieren contar la cosa resulta de mas fácil digestión, porque lo que en la primera suponía un violento retrato de un colectivo de moteros liderado por Cortadedos (me encanta, de verdad) cuya profesión es hacer el mal de modo retorcido, destrozando vidas humanas y amargando la existencia de Mel “polivalente” Gibson, se convierte en la segunda parte en un ejercicio de pirotecnia, de villanos extremos (Humungus, ven a mi!), de velocidad a tutiplen y de rizar el rizo por que si. La carga emocional chunga se traslada a las explosiones y a los pintorescos personajes, y todo resulta mucho más liviano.

Y para muestra ahí tenemos a The Feral Kid, un niño prehistórico que no sabe ni hablar ni nada, pero que maneja con destreza un boomerang con los bordes afilados como las navajas de Albacete. O las múltiples escenas de persecución rodadas a campo abierto, con carreras por el desierto a máxima velocidad con todo un catalogo de vehículos tuneados, pilotos súper macarras enfundados en cuero dispuestos a saltar de un camión a una moto en marcha, y blandiendo un arsenal de ballestas, cadenas, barras de hierro o revólveres del calibre 500.

Nunca es mal momento para arrastrar a alguien por el suelo o hacer estrellar un todo terreno contra un trailer gigantesco, y siempre se hace con profusión de explosiones y con trozos de metal saltando por todos los sitios. Hoy en día, con todo ese paternal y agorero tufo ecologista presente a cada paso que damos, resulta entrañable y refrescante la visión futurista que se tenía hace 25 años: todo es desierto y motor! Más Rock n’ Roll imposible!!
En fin, en medio de todo esto, Max, reconvertido a solitario cowboy especializado en el individualismo de manual acaba viéndose obligado, muy a su pesar, a ser el héroe. Gibson, con su infalible recurso de abrir los ojos mucho para expresar emociones intensas, acaba dotando al personaje de una inexpresividad que le sienta tan bien como el cuero raído y esa estupenda barbita de varios días que luce (y esto por no hablar largo y tendido del mechón canoso de la sien).

Al final, la saga (y la tercera parte directamente me la salto, porque mas allá de las tetas recauchutadas de Tina Turner y de alguna salida de tono de Angry Anderson no consigue alcanzar el nivel de diversión de las anteriores) queda como un saludable ejercicio de rockerismo supino pasado de rosca, y que visto con la distancia y edad pertinentes justifica por si sola su presencia en la estantería del salón de mi casa.
Y ahora a la bañera, a quemar un par de galones de gasolina.
Diciembre 19, 2007 at 10:14 pm
Como buen lisiado, durante muchos años de mi juventud el loco y cojo Max de la segunda parte fue mi ídolo y modelo a seguir.
Era eso o el pesado de Perry Mason. Ustedes dirán.
Diciembre 20, 2007 at 10:38 am
Hace poco tiempo pude revisarla y no tiene precio. El vestuario a base de calentadores y papel de plata de ellas era simplemente espectacular. Y Mel Gibson es insuperable, aunque personalmente me quea la sensación de que le dan demasiada cera para ser un héroe al uso. Ésa peli se merece un retoque de su banda sonora a base de tostoner!
Diciembre 24, 2007 at 3:20 pm
Se os olvida a todos mencionar lo guapísimo que estaba Mel… Comprensible, supongo.