Enero 12, 2008
Sabes, Natalia Nikolaevna Zakharenzo, Natalie Wood, pequeña Natalia, que el mundo esta lleno de injusticias, y que ahogarse en un barco frente Isla Catalina a los 43 años es morir joven, pero que un avatar de esta clase no le quita ni un ápice de embrujo a los años de esplendor que pudiste disfrutar antes de alcanzar una edad difícilmente disimulable en la pantalla grande.
Esa recogida figura tuya, frágil y alejada de tentadoras exhuberancias destinadas a poner a prueba la reaccionaria y engañosa moralidad de manual de los 50’s, sigue haciendo del visionado de algunas de tus películas un autentico placer. Un placer de naturaleza esencialmente pura y desprovista de impulsos de aquellos por lo que seguramente nos viéramos obligados a pedir perdón en un momento u otro.

Bueno, que tu también tenias impulsos, claro, y que ver como ese poderoso deseo carnal era reprimido con dureza por la salvaje moral propia de terratenientes y señores del petróleo Texano de principios de siglo, ese que propiciaba el alivio físico para con sus vástagos con “otro tipo de chicas, tu ya me entiendes”, y que hizo que tu primer revolcón con nada menos que Warren Beaty se viera pospuesto hasta el infinito todavía nos conmueve.
Quizás sea más merito de Elia Kazan que tuyo. Y hablamos de un Kazan menor, todo sea dicho, mas ocupado en organizar su agenda con tino para conseguir hacer una película, engañar a su mujer y llegar a tiempo a casa para cenar sin que nadie se molestase. O mérito de un primerizo Warren Beaty, que en su vida real era capaz de copular con una percha si esta llevaba vestido con escote, y que te llevó hasta la locura en la ficción haciendo que perdieras tu tren y que el Esplendor en la Hierba quedara como un vestigio de una vida anterior, una que fue plena y que ya no lo será más. Aun así tú estabas hermosa, adolescente y llena de conflictos. Carne de taquilla de instituto 100%.

Y de la engañosa chica mala de Rebelde sin Causa, esa que agitaba un pañuelo marcando la salida en una carrera suicida en la que un chico perdía la vida, ¿qué me dices de esa?. Ahí también tenías problemas de esos de gente joven, porque tus padres eran dos muros de ladrillos con los que no era posible comunicarse, y salías a vagar por las noches, a fumar y a alternar con pandilleros poco recomendables. Y te topabas en comisaría con un Dean reconcentrado y te enamorabas de él, porque además de inadaptado, era sensible y tenia pelotas, y esas cosas os gustaban mucho en los años 50.
La verdad es que no se por que Nicholas Ray decidió rizarte el pelo. Para mi es un error incomprensible, puesto que tu rostro fue diseñado para ser adornado por cabellos lacios, pero bueno, pudiste besar a James Dean, y supongo que eso compensa cualquier permanente desafortunada.

Y Maria, enamorada del amor y de la dentadura de Richard Beymer en West Side Story también tenía su aquel. Una pena que ni bailaras ni cantaras, aunque es bien cierto que los estruendosos números musicales iban poco con tu delicado talle, y que en ellos tu eterna languidez no hubiera encajado jamás. A pesar de todo te reservaron unas cuantas piezas memorables, entre ellas Somewhere y Tonight, y en las que a fecha de hoy, y a pesar de tener que escuchar tu voz doblada resulta imposible separar de tu personaje.

En esta ocasión la tragedia se cebaba de nuevo contigo, y tú sufrías el infortunio de ser joven y estar en el lugar incorrecto en el momento inadecuado. Menudo sino el tuyo, chata. En Centauros del Desierto de poco se te cepilla John Wayne a tiros por haber sido raptada por los indios, y en Amores con un Extraño de nuevo te ves inmersa en otro drama juvenil al quedarte embarazada de Steve McQueen antes de tiempo. Si es que hasta en El fantasma y la Señora Muir tu madre se enamoraba de un espectro.

Lo tuyo era una desdicha perpetua, aunque uno sigue rezando para que los tenderos sigan guardando tus películas en las estanterías de sus videoclubs, porque brillaste con una fuerza extraordinaria durante una buena temporada, y el hecho de que te fueras a los 43 años no deja de ser una de esas irrelevantes tragedias que jalonan nuestro día a día, pero que en realidad tampoco nos quitan el sueño mientras se pueda volver a ver West Side Story una y otra vez.
Enero 14, 2008 at 8:50 am
La prematura muerte hace que los mitos se sigan alimentando, pero a Natalie Wood, poca falta le hace, nació para ser un mito. Preciosa entrada-homenaje.
Pido desde aquí una entrada dedicada a Katherine Hepburn, quizá no la más guapa, pero realmente irrepetible.
Enero 15, 2008 at 3:52 pm
Es curioso que nunca había tenido la sensación de que esta mujer hubiera rodado tan pocas películas. Tan pocas que su filmografía casi se compone de las que uno se acuerda a botepronto. La foto de NY hace que a uno le entren ganas de estudiar para fabricar una máquina del tiempo y trasladarse allí, aunque en mi caso creo que es más por Nueva York que por Natalie.
Enero 15, 2008 at 5:53 pm
Bueno, no tiene muchas películas, es verdad, y de hecho era muy expresiva pero tampoco es que tuviera multitud de registros. Lo que si tenía era ese “algo” difícil de definir, y que merece que sea reivindicado. Hoy tampoco es que se la recuerde mucho en ningún sitio, las cosas como son, pero como representación de los 50-60 la verdad es que a mi me encanta.
Para Hepburn me gusta mas Audrey, aunque desde luego era una actriz inmensa y un personaje brutal.
Enero 21, 2008 at 12:01 am
admito las hostias pero, fuera de la estética, Rebelde Sin Causa me parece flojita y trasnochadísima… y ahora, me permitan que me cubra la guardia
Enero 21, 2008 at 7:55 am
Bueno, a mi la verdad es que me parece bien, pero tampoco una grandísima película. Lo que si que no deja de ser es un lugar común para mitómanos y necrófilos varios, y luego como bien dices tiene esa estética tan conseguida que casi hace que se olvide que a lo mejor el tiempo no la ha tratado tan bien como otras pelis de la epoca.
Enero 23, 2008 at 11:36 pm
Bueno, aprovechando que se ha abierto la caja de los truenos… Yo la que nunca he comprendido es El esplendor en la hierba. Creo que es falta de sensibilidad, pero a mí lo que me parece es que ella no está muy equilibrada, y el resto de la película deriva de ese punto. Rebelde sin causa me gusta. La volví a ver hace poco y me parece una historia muy inquietante porque, una vez más, no está nada claro que los personajes tengan razones para estar tan perturbados, y sin embargo resulta creíble, uno cree estar viendo por un rato su propio abismo, su propia perdición… o a lo mejor sólo soy yo.
Enero 29, 2008 at 10:40 pm
No se si tendrá muchas pelis, pero su filmografía tira de espaldas… y pese a no ser tan glamourosa como Audrey,no hay duda de que tenía clase.
Saludos!