Abril 2, 2008
En un último acercamiento al asunto que nos ocupa podremos comprobar que por fortuna no todo viene teñido de negrura, enfermedad y violencia, y que toda esta circunstancia descrita en las dos entregas previas deviene como consecuencia de la incapacidad del ser humano para encauzar sus conflictos de manera ordenada. Quizás incluso pudiera hablarse simplemente de una debilidad mal gestionada. Lo que sea, da lo mismo.
Lo que sí es más que cierto es que para llegar hasta ese punto en que como consecuencia de pasarse con el alcohol se pierden conciencia y maneras, se habrán dado de forma previa motivaciones mucho más mundanas y racionales, y que responden a una comprensible necesidad del individuo de evadirse de la realidad (o de vivirla con mas intensidad) con un carácter esencialmente lúdico.
Al fin y al cabo la bebida se ha definido desde siempre como un lubricante social, como una manera más de rebajar tensiones y hacer mejor la vida de las personas. Y así, de esta guisa, se ha querido tenerla también presente, llegando a otro de los puntos más frecuentados en la ficción cinematográfica: el que desemboca en desenfreno desatado y la felicidad absoluta de los seres humanos.
Y para muestra, un botón: El Guateque, una de las primeras obras conceptuales de las que hay constancia. La historia es conocida: una reunión en una casa de gente del mundo del cine, con bossanovas, elefantes, espuma, piscinas, un delicioso regusto fashion sesentero y Peter Sellers interpretando a Hrundi, un hindú metepatas, entrañable y abstemio. Las razones para evitar la bebida se ven rápidamente justificadas, en cuanto prueba algo que no debe y gracias a su inabarcable torpeza desencadena una autentica catástrofe de disparatadas consecuencias.

Hrundi, seductor
Obligatoria la mención al camarero mas desfasado que hayamos podido ver en una pantalla de cine. Uno de los personajes con menos líneas de dialogo y más copas de champaña devoradas, que yo recuerde. Entrañable su empeño en salir con vida de entre las fuentes y artilugios automáticos y ultramodernos de esa infernal casa de principio de los 60 con una borrachera monumental que, claro esta, le impide el normal desempeño de su trabajo. Obra maestra.

El elefante lo lavamos en la piscina!
No menos espectacular resulta la modélica y ejemplar “fiesta de apartamento” celebrada en Desayuno con Diamantes. A saber, un piso diminuto abarrotado de gente en estado de ebullición, y una divina Holly Golightly que, aun escondiendo un perfil frágil, errático y lleno de neuras, vive entregada a la fiesta y la noche en una desconsolada huida hacia delante. La muchacha celebra en su apartamento una reunión que supera todos los límites de entrañabilidad conocidos, y que se destaca como la fiesta más chic y desenfadada de todas las que hayamos visto en una pantalla. Un divertimento para los ojos, sazonado siempre por la irresistible sonrisa de Audrey Hepburn, que ilumina la pantalla con su copa de champaña y su cigarro de boquilla larga.
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El alma de la fiesta
Dentro de esta misma vertiente hay otros momentos menos glamurosos pero igual de importantes para la gente de nuestra generación. Por ejemplo, la fiesta toga organizada por John Belushi y sus compinches en Desmadre a la Americana, o la Despedida de Soltero con burro y todo que se monta Tom Hanks, que vienen a representar un concepto de fiesta en bruto, sin pulir y mucho menos sofisticada, pero muy divertida también. Al fin y al cabo son momentos llenos de gente felizmente desencajada, con las facultades distorsionadas o simplemente haciendo el cafre. No son, en realidad, historias centradas en el alcohol, pero si que son muchos los momentos en que los personajes se pasean con sus combinados en la mano como si fuera lo mas natural del mundo. La fiesta es la protagonista, con esa improvisada explosión de empatía entre seres humanos que llena de sonrisas una sala de cine, y de vasos vacíos la barra del bar o el suelo del apartamento.

Las dos películas tuvieron un peso especifico importantísmo en la ingente saga de peliculas de hermandades con fiestas que se salen de madre que se hayan podido ver despues, y Bluto Blutarski en particular ha sido un referente permanente que nos ha inspirado a muchos a proponer una fiesta toga a la minima ocasión que se presentaba.
No querría dejar de citar, a modo de colofón y en el grupo borrachos entrañables, a un inmenso Bogart, completamente feliz con sus cajas de botellas de ginebra en La reina de África hasta que aparece la monjil Kathrine Hepburn para sacarle de sus toscas costumbres de solterón y meterlo en vereda; o a la ruda pareja de hombretones (Wayne y McLaghlen) que arreglan sus diferencias a bofetadas en El Hombre tranquilo para acabar, como no, abrazados borrachos y dando tumbos por los prados irlandeses mientras le cantan a la luna. Los irlandeses suelen emborracharse como animales, eso ya lo sabemos todos, pero creo que en el fondo saben lo que se traen entre manos.
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Combustible para La Reina de Africa
Mención de honor, para concluir ya, la que se lleva James Stewart en El Invisible Harvey. Nada como alimentar la imaginación desde un hueco en la barra del bar. Con eso y, claro esta, la inestimable compañía de un conejo gigante (de dos metros, nada menos) que le acompaña toda la película, es mas que suficiente para ser feliz. El conejo por supuesto es invisible, y cuando habla solo lo hace con él, así que al final no queda claro si le esta tomando el pelo a todo el mundo o si de verdad hay un roedor gigante guardándole la espalda. Lo que sí esta claro es que son escasos los minutos de película que Stewart se pasa sobrio. Encantador es poco.

Mi amigo Harvey.
Ejemplos en el tintero se quedan montones, y darían para llenar un Popu entero, así que de momento dejaremos para otra ocasión a figuras heroicas como la de Tom Cruise en Cocktail (quien no ha gritado a voces en un bar aquello de “¿Queréis un poema???, ¿¿Quién quiere un poema??”), o Bogart (de nuevo él, borracho!) en Casablanca llorando desamores pretéritos. Hemos repasado varios de los más turbios y desenfrenados momentos del universo del cine de los últimos años, y ahora ya estoy sacando la botellita de la cubitera y me dispongo pasar a otros menesteres.
A la salud de ustedes, por supuesto.
Abril 2, 2008 at 7:43 pm
A mí la fiesta de Desayuno con Diamantes siempre me ha parecido más bien triste, un poco como la Navidad en El Apartamento. Gente bebiendo, fingiendo que se divierte, pero con poca esperanza de lograrlo (quizá es una visión sesgada por la connotación tan negativa que tiene el personaje en el libro, no lo sé).
Hay un uso de la cogorza en el cine (y en la vida), que no has mencionado, y es la catarsis, la demolición. Es lo que hacen Katherine Hepburn y James Stewart la noche anterior a la boda en Historias de Philadelphia, y es una gran secuencia. Usan el alcohol para darse valor para hacer algo que tienen que hacer de todos modos, parecido a John Wayne en Liberty Valance, aunque no exactamente.
En mi opinión, las películas “de tesis” como Leaving Las Vegas y Días de Vino y Rosas suelen ser un rollo, y me parece más interesante el enfoque tangencial de estas otras que nombras.
Mi escena favorita sobre este tema es la de la escupidera, sin dudarlo.
Abril 3, 2008 at 7:35 am
Como no he leído el libro no se cuanto de negrura desprende el personaje de Desayuno con Diamantes, pero me da la sensación de que en al película no es una persona tan amarga, y que termina por caer bien, sobre todo por quién lo interpreta. Lee Marvin puede hacer de malo, pero Hepburn no. Al final la historia como mucho me parece muy triste, pero no dolorosa, y la fiesta en concreto a mi me parece de manual: todo lleno de humo, de gente apretada y bebiendo sin parar en los balcones, en la ducha…es genial. La Navidad en El Apartamento es mucho mas chunga. Wilder tenía habilidad para hacerte sentir mal mientras sonries.
Yo personalmente tambien encuentro mas interesante el papel de la bebida cuando no es protagonista, porque justifica una cantidad de acciones extraordinaria, y porque ademas define a un montón de personajes. La colección de borrachines de las películas de John Ford, por ejemplo, desde el medico de La diligencia hasta los malisimos hermanos Clanton de Pasion de los fuertes es fabulosa. Dias sin Huella, por ejemplo, si que ha quedado un poco anticuada, aunque sigue siendo ineteresante, pero Leaving las Vegas, en cambio, a mi me parece una idiotez
Respecto a la demolición (y si algun dia tengo una banda los llamare así, Demolición; o Hecatombe, que tambien me gusta) pues es cierto, también habría que haber hecho caso a los que pretenden dinamitar sus miedos, porque probablemente sea la característica mas recurrente que se le pueda atribuir a a bebida. Pero abriendo de nuevo el modo de confesiones diré que no tengo en absoluto mitificada (y probablemente me equivoque) Historias de Filadelfia porque siempre la crei una especia de continuación de La fiera de mi niña, en donde por cierto tambien se desmelenan bastante. En mi descargo dire que hace un siglo que no la veo.
El que quiera convencerme para que cambie de opinión puede intentarlo.
Abril 3, 2008 at 7:51 am
En cuanto a borrachines entrañables y celebración de la vida a base de alcohol, juergas y peleas a puñetazos con John ford echándose unas risas, me quedo con La Taberna del Irlandés. Creo que cuando éramos críos vimos no menos de 10 veces esas película.
Gran broche final al estudio, por cierto. Mi enhorabuena.
Por otra parte todo ésto me recuerda dolorosamente que hace años que no veo cine clásico por culpa de internet.
Abril 3, 2008 at 8:09 am
Gracias!
Respecto al cine clásico en Internet…..solo puedo decir esto: http://vagos.es/showthread.php?t=316301
Hay de todo y para todos.
Abril 7, 2008 at 5:08 pm
No te engañes, Troutman, no es por culpa de internet, es por culpa de Lost. Internet te da las herramientas para ver cine clásico.
Yo tampoco he leído el libro pero Holly me parece un personaje muy muy triste luchando desesperadamente por disimularlo.
Abril 7, 2008 at 9:13 pm
Tengo el gargantón seco. Creo que hoy me iniciaré en la bebida.
Abril 10, 2008 at 10:54 am
¡A buenas horas descubro que tienes blog! (Nuala me comentó el suyo hace tiempo)
¡¿Quién se pone ahora a leer entradas anteriores, con comentarios?!
Me engancho sin más.
Vi hace poco El guateque, no me acabé de integrar en el desmadre, lo contemplo desde fuera. Sin embargo, la fiesta de Desayuno me parece mejor contada. Es la fiesta perfecta a la que todos queremos ir (recuerdo alguna parecida, sin el glamour de los 60, Audrey… Más contemporanea, pero igual de divertida. I mean, alguna de las que he ido)
Bueno, os sigo… Pero no ahora, que tengo mucho curro.
Un abrazo.
Abril 10, 2008 at 2:25 pm
Bueno, pues ya sabes que por aqui estaremos.
Bienvenido!
Abril 19, 2008 at 5:49 pm
Muy, muy entretendias estas tres entradas al alcohol en el cine, felicidades!