Lo bueno de dedicarte al Rock n’ Roll y ser auténtico es que aunque seas un perdedor, un perdedor de verdad, siempre habrá unos cuantos fans que te respeten, y mientras con eso pagues tus facturas todo irá bien. No hablo de fracasados, sino, fíjense bien, de perdedores, que no es lo mismo. Este tipo de gente que con determinación se dedica a lo que les gusta, y que emplea en ello toda la energía y talento de que disponen, independientemente de cómo de populares sean sus discos o de cuanta gente que vaya a verlos tocar.

Los años van pasando, ellos van quemando micrófonos, sudando camisas y arrancando cuerdas de guitarra de un sitio a otro. La critica los abraza y luego los escupe. Llenan salas medianas, luego pequeñas, luego van a festivales a tocar la hora que les digan, y en fin, aunque todo el mundo les respeta nunca terminan de explotar ni de llegar a la masa. Encuentran su hueco en pliegues de actualidad de esos que hacen que parezca que están en casi todas partes pero tocando para casi nadie. Un éxito relativo, pues, que nada tiene que ver con el tamaño de su talento, con la valentía con la que defienden sus postulados, o simplemente con la empatía y cariño que puedan despertar. Nada nuevo, ya lo sabemos todos.

 

 Jon Spencer

Jon Spencer sería uno de los artistas perdidos en ese camino hacia el gran público, uno de esos currantes ceñudos y con poderosisimo ego que trabaja para vivir, pero que lo hace con compromiso, y que además no podría dedicarse a otra cosa si se viera en la tesitura de cambiar de actividad profesional. Simplemente nació para esto. Tiene ese carisma que le hace entrañable, y también es cierto que se crece en las distancias cortas, dotando a sus actuaciones en directo una humanidad maravillosa. Y aun así no parece que su entrega o la vibrante conexión que suele alcanzar con su audiencia se correspondan verdaderamente con su popularidad.

 Blues Explosion

Repasando brevemente (por no aburrir) la biografía de este neoyorquino delgaducho, razonablemente atractivo y siempre vestido como Dios manda, podemos encontrar una trayectoria larga y siempre amarrada a la independencia y libertad compositivas. Partiendo de los rudísimos rudimentarios de Pussy Galore a finales de los 80, en donde conocería a su mujer Cristina Martinez, pasaría como un ciclón por los años 90, catárticos, con su Jon Spencer Blues Explosion, llenando cada uno de sus conciertos de diversión, gritos y energía animal gracias a albumes como ACME, Now i Got Worry o Orange; colaboraría con bluesman ancianos, socarrones y negros como el alquitran como Son of Dave o R.L.Burnside (A Pocket Ass of Whiskey es una de esas joyas de las que sorprendentemente casi nadie se ha hecho nunca eco, un malevolo cruce entre el mas descacharrado blues de ciudad y la austeridad rural de John Lee Hooker), y desembocaría en senderos ligeramente mas ortodoxos al comienzo de la presente década, cuando la banda transmutó a Blues Explosion sin mas, al tiempo que su música se hacia ligeramente más accesible (lo justo) y la critica le daba la espalda. Tras esto, inicia nueva aventura con Heavy Trash con dos álbumes hasta la fecha de corte cincuentas, con sus habituales aderezos experimentales pero con la ortodoxia propia del genero por bandera, y con los que empieza a definir también ya un marco con personalidad propia. Y en este mismo momento parece estar combinado ambos proyectos sin mayores dificultades, lo  que supone tener la oportunidad de disfrutar de ambas bandas. Por mi, perfecto

The Blues is number one

Un chavalillo inquieto, en efecto, de gesto ceñudo, amante del blues llevado al extremo y de artefactos que sirven sobre todo para hacer ruido, como el Theremin, y que siempre ha sacado un sonido crudo y directo con sus dos guitarras y batería (para qué mas!!!), apoyadísimo en sus dotes de showman, y que hacen que el efecto euforizante de su música se multiplique exponencialmente.

En términos generales y tomando un poco de perspectiva, lo que venimos a encontrar en su música y en sus performances es mucho de energía bruta y mucho de pose de hombre que trabaja duro. La línea deconstruccionista de sus primeros tiempos, ultra sobria en cuanto a recursos se ha ido alimentando de todo aquello que tuviera que ver con la tradición musical mas sanguínea, la más emparentada con la pasión, el espasmo y el sincope: la música de los negros, la que se usa para practicar sexo o para emborracharse.

 

This is the Sweat of the Blues Explosion!!!

SUDOR, eso es lo que desprende su obra, porque cabe todo: funk, blues, rock, y distorsión, triturados y escupidos en forma de canciones sencillas pero que explotan en los tobillos y en la garganta, y que de ahí pasan como un virus al resto del cuerpo. Grabadas con la tecnología de un mechero si quieren, pero que en directo regalan decibelios, se enganchan unas con otras sin contemplaciones, sin dar opción a que dejemos de agitar el flequillo y sacudir la cadera. y sobre todo dando la importancia que se merece al GRITO, ese grito trasgresor, liberador y animal con el que se vacía en escena cada noche, y con el que parece que quiera echar abajo las paredes del local.

 Heavy Trash

No da tregua.  Por supuesto que ha conocido etapas excelentes y otras más discretas, pero no cabe la más minima duda de que este hombre sale al escenario a ganarse el sueldo, y que cuando se cuelga una guitarra sabemos que esa mirada concentrada va a tratar de hacernos entender que el blues es lo primero, que The blues is number one, y  que se puede vivir a base de YEAHS’s o WHOAH’s si de verdad crees en ello. 

Entrañabilisimo y 100% reivindicable.

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