La protuberante Janet Leigh apenas protagonizó un par de momentos de verdadero poder fílmico. Uno de ellos es el perverso secuestro a manos de una banda de Mexicanos malos en que escuchan Rock n’ Roll en Sed de Mal. Estos chicos malos la encierran en un motel de carretera, la drogan y la machacan psicológicamente, mientras ella reposa a la fuerza con su salto de cama, incapaz de hacer nada más que aguantar y conservar el busto irremediablemente embutido en un fascinante modelo de lencería de los 50.

El otro momento memorable, vino de la mano de otro gordo con talento, y es la famosa escena protagonizada en la ducha de otro motel, regentado en este caso por la familia Bates. Tampoco le daremos mucha mas cuerda al asunto, las fotos hablan por si solas.

Vista hoy, lo mas curioso de la película desde luego resulta la explicación “medica” de los ultimos cinco minutos respecto al problemilla de Norman Bates, que supongo que ayudaría al publico de hace 50 años a quitarse de la cabeza la idea de que Hitchcock era un aberrado y un degenerado con ideas asquerosas en la cabeza.

Gran parte de verdad hay a ese respecto, pero por lo demas, Psicosis sigue manteniendose ejemplar a nivel narrativo, y con una capacidad para inquietar intacta, tremenda.

En cualquier caso, aquí tenemos a Janet Leigh en todo su esplendor.

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